Resumen – Catálogo digital
'Cartografía del EGO', Boa Mistura
Artista: Boa Mistura
Fechas: 4 de junio de 2026 a 17 de julio de 2026
La historia de la humanidad en la historia del arte se mide y estudia a través de las huellas que dejamos. Desde el Paleolítico hasta la contemporaneidad, la idea de permanecer ha arraigado profundamente en la psique humana, pero ¿qué significa hoy dejar nuestra marca? “CARTOGRAFÍA DEL EGO” nace del impulso de ocupar, existir y dejar una impronta.
El colectivo Boa Mistura tiene sus raíces en el graffiti, donde la firma funciona como una señal de identidad que afirma la presencia del autor en el espacio público. Desde su nacimiento en Nueva York alrededor de los años 60, el graffiti moderno ha actuado como medio de comunicación alternativo mediante la mezcla de aspectos artísticos y sociales. Sin embargo, esta forma de expresión no sería la misma sin un elemento clave: el muro. El muro, símbolo de limitaciones y de barreras, es en el arte urbano un medio para dialogar con la ciudad, una forma de reclamar un espacio muchas veces controlado por el poder institucional. A lo largo del siglo XX, pocos ejemplos han condensado esta tensión con tanta claridad como el Muro de Berlín: una frontera física y política que, paradójicamente, se convirtió también en uno de los soportes más emblemáticos para la expresión gráfica y
el graffiti. Mediante su intervención y reapropiación, artistas y ciudadanos transformaron un símbolo de división en un espacio para la expresión colectiva, descentralizado y universal.
El concepto de “museo imaginario” del escritor francés André Malraux describe una forma de acceder al arte sin la necesidad de la presencia física en los museos. Este “museo sin muros” está al alcance de todos, pero no a través de la imaginación, sino de las imágenes . Si bien es cierto que Malraux hace referencia a la reproducción fotográfica de las obras de arte, esta idea se puede aplicar también a la práctica del graffiti: la firma, o tag , es reproducida hasta transformarse en una imagen reconocible que circula y aparece en múltiples contextos urbanos. Al igual que ocurría con las fotografías en el museo imaginario, cada nueva intervención dota a la obra de significados propios, concediéndole cierta autonomía frente a un contexto fijo.
En este proceso, la repetición de la firma en distintos espacios adquiere una dimensión identitaria: es un gesto de presencia que permite al autor existir en el espacio urbano y ser reconocido por la comunidad. En psicología, Carl Gustav Jung define el ego como el centro de la identidad consciente y de la afirmación del yo; nos permite reconocernos y afirmarnos frente al mundo. El proyecto “CARTOGRAFÍA DEL EGO” toma esta idea como punto de partida y explora la relación entre identidad, fragmentación y espacio.
A partir de un mural inicial concebido con un orden formal definido, este se fragmenta en una serie de ladrillos que funcionan como la unidad mínima del muro: fragmentos autónomos que forman parte de un todo. Juntos conforman la palabra “EGO” en una armonía cinética, donde las letras se desplazan y se superponen entre sí. Cada pieza conserva una parte de la imagen original, pero también adquiere autonomía al separarse del conjunto.
Durante una serie de intervenciones en los alrededores de Madrid, estos fragmentos son instalados en muros de edificios abandonados, integrándose temporalmente en nuevas superficies urbanas y dejando una pequeña marca de su presencia. Las carreteras nacionales se convierten en el territorio de estas ruinas intervenidas, donde los ladrillos se sitúan para integrarse en el paisaje de firmas que acompañan los viajes en carretera. Con cada intervención se generan nuevas configuraciones y significados que recuerdan que la identidad individual se inscribe y se reconstruye colectivamente en relación con el espacio que la acompaña.








