'Una parte del murmullo del mundo se deslizó conmigo', Françoise Vanneraud

Artista: Françoise Vanneraud
Fechas: 17 de Noviembre 2018 a 18 de Enero 2019
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Viaje al centro de la tierra (etapa Bretaña – Atacama)

por Virginia Torrente

Julio Verne nace en Nantes en 1828. Françoise Vanneraud lo hace en la misma ciudad de Francia en 1984, 162 años después que el ilustre escritor. Viaje al centro de la tierra se publicó en 1864, un año después de Cinco semanas en globo y uno antes que de De la tierra a la luna, cuando Verne contaba con 42 años.

A lo largo de su carrera, Vanneraud se preocupa por cuestiones de tipo antropológico y geopolítico, que representa en un imaginario que incluye a la naturaleza en un primer plano: un cactus, unas montañas de sal, un terreno arrasado, reseco, plagado de guano y piedras, son elementos que forman parte de esta exposición y que están presentes en el desierto de Atacama en Chile, lugar que la artista visitó en residencia el pasado verano.

Bretaña y Atacama quedan ligados en la creación de Vanneraud de una manera natural para ella, aunque parezcan más fruto de la ficción, de las fantasías de un Viaje al centro de la tierra. Vanneraud dibuja en relieve paisajes provenientes de un romanticismo distópico que podemos catalogar también de corte positivista. Como la propia artista explica: «Estoy interesada en las fronteras complementarias entre lo visible y lo invisible.»

Estas exploraciones de un territorio lejano, aparentemente situado fuera del tiempo real, dan juego a una teatralización basada en la idea del diorama, instalación romántica por excelencia que busca la inclusión del espectador dentro de la propia obra.

La práctica de un paisajismo catártico como recurso artístico y ético es huella del trabajo de Vanneraud. Una naturaleza como «centro del universo», su realidad y ficción, lugar desde donde poder plantear diferentes relatividades incómodas: la pertenencia del ser humano dentro de este lugar distópico, la posible domesticación y sometimiento de lo salvaje o la garantizada independencia de esta naturaleza que hoy día debatimos y defendemos.

Un paisaje constituye una memoria colectiva, al que venimos testando su resistencia desde hace varios siglos. Hasta que reviente. En cualquier caso, este debate sigue activo como recurso que interesa a ciertos artistas y es un tema tan contemporáneo que, negarlo, es tan absurdo como afirmar que el calentamiento global es una mentira.

Utilizando postales y grabados antiguos que entran en juego como fondos de un decorado que nos lleva al centro de la tierra, la artista conforma estos nuevos trabajos que se convierten en dioramas vivos. Estos montajes instalativos en dimensiones reales mezclan arquetipos que sostienen la intención de cuestionar esta compleja relación del hombre con la naturaleza.

A modo de un Robert Smithson protagonista de un Viaje al centro de la tierra, Vanneraud nos presenta una visualización estática, de un tiempo ya fosilizado, congelado en su pasado de cartón-piedra. Las fuentes de creación de Vanneraud se amplían a partir de ilustraciones de época para mimetizarse con la investigación del trabajo de campo: el tiempo geológico se hace algo literal y fluido en estas nuevas obras que nos aproximan a reflexiones sobre lo antropocénico.

Materiales en tres dimensiones, tratados de la misma manera que sus dibujos y collages, conforman el relato de un viaje fantástico dentro del paisaje, explorando la evolución de este género, su confusa y cambiante identidad. Estos bodegones en relieve de Vanneraud toman posesión del espacio de la galería, creando una línea de sucesión entre lo salvaje y lo domesticado en la naturaleza, psicogeografía de un paisaje fracturado, extremo, construido a partir de mapas y novelas que son referencia de lo sublime, transformando las nociones básicas de percepción, para revelar una experiencia imaginaria proyectada en el espectador.