'Naturaleza Interna', Chiqui García
Artista: Chiqui García
Fechas: 04 de marzo de 2026 a 10 de abril de 2026
La obra del Chiqui García (1979) puede leerse como una respuesta silenciosa —pero firme— a uno de los dilemas centrales del arte contemporáneo: ¿cómo producir sentido en un mundo acelerado sin recurrir al espectáculo ni a la abstracción vacía? Y en este punto, el artista se inscribe de manera natural en la genealogía de aquellas corrientes que, desde la segunda mitad del siglo XX, devolvieron a la materia un estatuto activo.
Como en el arte povera, aquí la elección de materiales responde a la ética de la economía formal. La cerámica, la madera recuperada, la piedra extraída de contextos mineros son territorios cargados de tiempo y memoria. Sin embargo, a diferencia de los gestos más confrontacionales de esa tradición, la tensión dramática entre naturaleza y sistema cede a una relación de continuidad porque la materia se hace interlocutora.
Su trabajo también dialoga con la idea del arte como experiencia expandida, formulada desde Joseph Beuys hasta desarrollos posteriores del pensamiento relacional, porque la experiencia se produce desde la atención. De esa manera sus obras exigen un tiempo específico. El de la observación lenta, el rodeo y la cercanía corporal. El cuerpo del espectador es convocado como presencia.
Esta dimensión corporal conecta su práctica con esa comprensión fenomenológica del arte cuando el sentido emerge en la relación entre forma, espacio y percepción. El cuerpo humano, aunque raramente representado, está siempre implicado. Las piezas se mueven con el viento, se ensamblan y se desmontan según esa variable activa que es el tiempo.
Frente a la hegemonía de lo digital y lo inmaterial, García insiste en la mano. Richard Sennett escribió que la artesanía es una inteligencia que se construye en la práctica y los cientos de piezas moldeadas por García, una a una con mínimas variaciones, encarnan esa idea. La imperfección no será, entonces, resistencia simbólica sino condición de lo vivo. Como en la naturaleza, donde nada es idéntico y todo pertenece al mismo sistema.
Y aquí será preciso también señalar su relación particular con la belleza. Lejos del impacto inmediato o de la seducción formal, la suya está ligada al equilibrio y al bienestar. Cercana a la tradición platónica, pero reformulada desde una sensibilidad contemporánea que no trata de un ideal abstracto sino de una experiencia concreta que se produce en el encuentro con la obra.
Ya Adorno decía que la verdadera obra no se acomoda al mundo tal como es, que conserva en su forma la posibilidad de otro ritmo. La de García opera precisamente en ese registro: no denuncia, no explica, no acelera. Desde sus orígenes en la mendocina Malargüe hasta Lima, desde Zúrich hasta Madrid, la práctica del artista se despliega sin estridencias manteniendo una rara coherencia en el sistema del arte contemporáneo.
De esta manera, en un campo saturado de discursos, su perfil bajo sigue proponiendo algo más difícil y necesario: una experiencia donde la materia piensa, el tiempo se deja moldear y el arte vuelve a ser aquel lugar habitable.
—Czar Gutiérrez
CHIQUI GARCÍA (Argentina, 1979)
Más allá de los dictados del tiempo, su mano se desliza para dejar descansar la mirada en esa “naturaleza” que otros han dejado de ver. Su arte se acerca a la hierba, a la cabeza de un junco, a un poroto, al reflejo de una haba. También esculpe, una por una, las partes de una planta suculenta, transportándonos a otra esfera de la vida, enlazada en serie, donde cada pieza traza su aura sobre la mirada del sediento, del voraz, de aquel que nunca se detiene. Cuando sus objetos se entrelazan en tu vida, una experiencia única toca el cuerpo, como un acorde sutil que te invita a convertirte en su vecino.
No es sin música que su talla encuentra su lugar en la madera, aquella que estaba a punto de sufrir el destino del descarte, interviniendo solo esos nervios, tal vez costillas, para elevarse nuevamente y ser de vuelta al paisaje.
Lo diminuto deja de ser efímero; lo pequeño recupera, con su impronta, esa belleza que se creía perdida. Nacido en Malargüe, Mendoza, Argentina, Pablo “Chiqui” García manifestó desde muy temprana edad un notable interés y aptitud por el arte, creando esculturas en ladrillo, madera y diversos materiales. Artista autodidacta, trabaja en múltiples formas de expresión como la música, la escultura, la performance y la cerámica, con un enfoque en temáticas ecológicas y espirituales.
Con más de 20 años de trayectoria, García ha desarrollado un estilo distintivo caracterizado por la creatividad, la innovación y un profundo sentido de dedicación y pasión, evidentes en cada una de sus obras. Ha participado en exposiciones individuales y colectivas en América Latina y Europa, y ha realizado residencias artísticas en Colombia, Bolivia y Suiza.
Desde 2016, su obra se desarrolla entre Zúrich, Suiza; Mendoza, Argentina; y Lima, Perú.










