'Jardins', Raúl Díaz Reyes

Artista: Raúl Díaz Reyes
Fechas: 12 Septiembre a 8 de Noviembre 2019
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«Jardins».  Raúl Díaz Reyes

“Árbol: explosión lentísima de una semilla.” (Bruno Munari)

Acostumbrado a producir a partir de derivas por grandes espacios urbanos, Raúl Díaz Reyes sustituye, aquí, el ambiente ceniciento, contaminado y repleto de superficies reflexivas de la ciudad, por paisajes predominantemente verdes, densos y húmedos. “Jardins” (escrito en portugués) parte de la reciente experiencia tropical vivida por el artista español en tierras brasileñas y, más específicamente, de su contacto con la obra del artista plástico y paisajista Roberto Burle Marx.

Intelectual moderno, Burle Marx sintetiza una producción estética y manual expandida con conocimientos de botánica. Sus pinturas anticipan las líneas sinuosas de la arquitectura de Óscar Niemeyer, compañero en diversos proyectos futuros. Al mismo tiempo, el polifacético artista parece reconocer que la interacción entre colores y formas en una superficie pictórica no debe ser la misma de un paisaje proyectado. En vez de utilizar otros lenguajes –como la tapicería, el diseño de joyas o el propio paisajismo– para subrayar la supuesta evolución de la pintura occidental, el trabajo de Burle Marx parte de una extensa investigación que tiene como foco principal las particularidades geográficas de cada lugar y las especificidades materiales de cada forma de arte utilizada para imaginar y representar esos lugares.

A su paso por Brasil, Raúl visitó una serie de jardines, entre ellos diversos proyectados a partir de los años 30 por Burle Marx. En estas andanzas, captó y reunió imágenes y sonidos, formando un gran banco de datos. El material compilado fue descompuesto y nuevamente recompuesto, esta vez, atravesado por otras referencias de su universo más próximo.

La memoria de la atmósfera vivida en los trópicos fue, así, transpuesta a la realidad aséptica del espacio expositivo en un proyecto vivo en el cual elementos de diferente naturaleza son incorporados de manera casi orgánica. En conjunto, las obras no remiten directamente a Burle Marx, sino que materializan muchos de los preceptos y operaciones presentes en la producción del paisajista: el uso del collage y de la yuxtaposición, el rechazo de la simetría, la aplicación de la geometría y de la abstracción, la reconceptualización de la relación de la figura y el fondo, además de la sensibilidad a los materiales y sus distintos usos y posibilidades.

Raúl propone un ambiente inmersivo. La sala principal está ocupada por pinturas verticales de gran formato colgadas del techo. Juntas, forman una especie de laberinto ortogonal. La racionalidad de la disposición de las piezas y el recorte geométrico que delimita sus superficies pictóricas contrasta con la fluidez de los paños de color. Acuarelas sobre papel, las pinturas recuerdan a imágenes de satélite de superficies verdes. Son manchas semi-abstractas, acuosas, desordenadas y sin horizonte, que por su tonalidad, escala y transparencia –resultante de la trama abierta del papel– incorporan el espacio alrededor y el cuerpo del espectador. La instalación parece hacer eco a la afirmación de Burle Marx: “Es preciso comprender que el jardín es naturaleza ordenada, organizada para el hombre, basándose en sus necesidades (…) Pero es preciso comprender la naturaleza salvaje, no elaborada, para sacar de ella la gran lección”.

El clima denso y al mismo tiempo festivo de la instalación es reforzado por una pieza sonora en la cual Abel Hernández traza una especie de partitura abierta. Un collage compuesto por archivos de audio grabados por Raúl en Brasil, unidos a fragmentos de otras músicas y sonidos sintéticos. En uno de los cinco cortes que suenan de manera aleatorio en el espacio, escuchamos al padre de la bossa nova João Gilberto cantar la primera sílaba de “Ho bá lá lá”. En otra oímos un ruido estridente producido por Tom Zé. Referencias de la música popular brasileña se mezclan con canto de pájaros, gritos de niños, la voz de Burle Marx y al tono circense europeo de Nino Rota.

En las paredes, pequeñas piezas, puntuales, funcionan como notas a pie de página y verdaderos imanes de atracción: composiciones en acuarela sobre tablas de madera, pinturas sobre volúmenes cúbicos de madera, manchas de rotulador de color sobre papel y collages fotográficos. Las obras, casi imperceptibles, rompen con la estructura central e introducen otra escala, produciendo un movimiento corporal de aproximación y distanciamiento de este ambiente natural. En el mismo espacio conviven distintas coreografías. Miradas de microscopio y telescopio, vistas aéreas y frontales, maquetas y representaciones bidimensionales.

Las composiciones en madera remiten a modelos arquitectónicos de jardines imaginarios, tal vez utópicos. Los collages son montajes hechos con fotografías captadas por el artista en el Sítio Burle Marx. Localizado en el estado de Rio de Janeiro, la finca alberga parte del enorme acervo botánico constituido a lo largo de los años por el paisajista en una serie de expediciones para la recolección de plantas, en las cuales observaba las condiciones físicas de las especies, sus medios de propagación y las características de su hábitat. En los collages, las superposiciones de distintas temporalidades y la noción de pequeñez humana son propias de la mirada arqueológica de los grabados de Piranesi. Los dibujos a rotulador parecen semillas en pleno proceso de fecundación y explosión, en una etapa anterior a la aparición de arbustos y árboles, como enunció Bruno Munari.

Aglaonema, inhame, antúrio, comigo-ninguém-pode, lírio-da-paz e copo-de-leite. Especies de la sabana, amazónicas y del sertão nordestino de Brasil. Como el escritor Guimarães Rosa, Burle Marx, enumeró, divulgó e introdujo en el vocabulario paisajístico brasileño la exuberante flora nacional, además de haber clasificado decenas de nuevas especies. Sus jardines se distinguen no solo por la geometría. La principal renovación propuesta por el paisajista estaba en la diversidad, en el empleo de nuevos materiales y de plantas en asociaciones y arreglos originales, reuniendo lo nativo con lo considerado exótico. Al mismo tiempo, Burle Marx aproximaba libremente elementos no orgánicos y artificiales, introduciendo en sus jardines esculturas de hormigón, azulejos de cerámica e inmensos lechos de minerales coloreados.

En estos gestos, el paisajista dejaba claro algo que Raúl también procura subrayar con esta muestra, la falsa dicotomía entre naturaleza y cultura, naturaleza y ser humano. Edenes en miniatura son construidos en lo alto de rascacielos, carreteras pavimentadas parten márgenes sublimes, bosques son talados y quemados en nombre del progreso –véanse los recientes y aún activos incendios en Amazonia. Militante ecológico, en los años 70 Burle Marx criticó públicamente la transformación de las áreas arborizadas en pastos, resultantes de los intereses económicos que dictan una acción destructora. Un jardín moderno y contemporáneo, por lo tanto, no podía y no puede ignorar un escenario en el cual nuestra relación con la naturaleza se caracteriza básicamente por la violencia y la falta de respeto. Burle Marx y Raúl introducen materias de otras procedencias, absorben y “canibalizan”, usando un término del poeta y teórico del modernismo brasileño Oswald de Andrade, para producir algo provocador, vivo y nuevo.

Isabella Lenzi

Raúl Díaz Reyes ha expuesto y recibido importantes becas internacionales en España, Alemania, Estados Unidos, Rusia y Brasil, siendo este país donde ha desarrollado su creación en los últimos años. Sus obras rompen las fronteras disciplinarias haciéndonos entrar en una contemporaneidad rotunda en la cual los lenguajes se alejan de la convención y nos invitan a conformar una mirada panorámica de los entornos. La union que establece con la arquitectura, así como la mezcla de materiales, nos habla de las ciudades en relación con sus habitants como sistemas dinámicos en movimiento y alteración constante. De este modo no hay límites dimensionales, no hay leyes técnicas: la fotografía se contempla como escultura, la pintura se adentra en ella. Los frutos de interacción y cambio cuestionan los modelos expositivos, alterando códigos y dando lugar a nuevos paisajes de posibilidades multiples. Actualmente trabaja con galerías en Madrid, São Paulo y Moscú.