'La tragedia se mascaba en el aire', Pilar Quinteros & Patricio Blanche, Ding Musa, Carlos Nunes, Chantal Peñalosa, Elza Lima

Artistas: Pilar Quinteros & Patricio Blanche, Ding Musa, Carlos Nunes, Chantal Peñalosa y Elza Lima

Fechas: 09 de Septiembre a 29 de Octubre de 2021

Catálogo digitalRecorrido 3D

LA TRAGEDIA SE MASCABA EN EL AIRE

 

Comisario: Tiago de Abreu Pinto

Artistas: Pilar Quinteros y Patricio Blanche, Ding Musa, Carlos Nunes, Chantal Peñalosa y Elza Lima

 

 

— Aquí, te lo leo — agarrando un periódico.

— Dale — inhalando tabaco.

— Empecemos por el título. Dice aquí… a ver. Aquí. — empieza a leer en voz alta.

 

El 11 de marzo de 2020 volví a visitar Bolaño. Una frase me marcó: “la tragedia se mascaba en el aire”. Especialmente porque personas en traje espacial me saludaron tras salir del avión en Santiago de Chile. Parecía que era mucho más serio de lo que todos pensaban. ¿De dónde habrá surgido eso? Ahí estaba en el aire pero ¿dónde? La frontera aérea había cerrado con Brasil y me quedé varado como Crusoe en Santiago hasta que volvió a abrirse casi 3 meses después. Mientras tanto envié mensajes a artistas locales e hicimos juntos un proyecto titulado al aire, libre que ocurrió en varias ciudades en Chile. Posteriormente, en agosto y septiembre de 2020 volví a desarrollar el proyecto en diversas ciudades a lo largo del territorio brasileño y mexicano respectivamente. Y, en esta ocasión, para la galería, vuelvo a trabajar con cinco de los casi trescientos artistas que formaron parte de al aire, libre.

 

— Espera. Voy a saltarme esto para llegar a los artistas. — vuelve a leer.

 

Hablé con Carlos Nunes sobre su obra el 17 de agosto de 2020. Ahí fue cuando me contó sobre las “Birutas”. Así es como se titulan las obras. En portugués el título significa ‘manga de viento’ o ‘veleta’, me refiero a esas estructuras que giran a medida que el viento cambia de dirección, indicando su orientación o procedencia. A Carlos le parecía especial en aquel entonces (y ahora también), prestar atención a este movimiento.

 

— Te adelanto que no son como veletas exactamente.

— Ya — esparciendo humo.

— Sabes a qué me refiero? Las veletas siempre tienen algún tipo de indicador de dirección del viento o una especie de cruz que señala los puntos cardinales, ¿sabes? Pero estas obras no tienen nada de eso… Me gusta esta parte — vuelve a leer.

 

Son como molinos de viento quijotescos.

 

— … — dirige la mirada a su interlocutor.

— Sí — sonríen. Continua.

— …  — bajando la mirada silenciosa por un momento.

 

Tienen algo de navegar libremente en el momento, algo de dejarse llevar. Son obras realizadas en el meollo de la pandemia en Brasil. No había (y quizá todavía no hay) orientación o directriz. Miden por decirlo así la falta de orientación atmosférica.

— Esto es lo que te decía — con un meneo de cabeza.

— Claro — esparciendo humo.

 

La gestión pública es desastrosa en Brasil. Algo que Ding Musa también hace referencia en su práctica política (forma parte de colectivos como Fumaça Antifacista) ya que en Brasil el aire ahora mismo parece rodearnos, con una ominosa densidad y pesadez. Las obras de Carlos hacen referencia a ese aspecto también. Y, en el momento que él las instala, las activa, se encontraba fuera de São Paulo. Así fue poniéndolas en diferentes lugares (en medio del bosque, al costado de la carretera, en algún edificio) y registrando sus presencias en el desértico del paisaje fílmicamente.

 

— En la exposición — aclarando lo que leía — están estas esculturas y al lado el video que hizo Carlos de ellas — mientras se inclinaba para agarrar un bastoncillo de tabaco.

— ¿Estas no tienen nada que ver con aquellas obras que hizo para el ACAC, el museo este en Aomori, norte de Japón?  — exhalando tabaco.

— Creo que sí porque tienen un acercamiento formal considerable. ¿Cómo se titulaban? — frunciendo el ceño.

— “Oncotô, Quencosô e Proncovô…”.

— ¡Ah, sí! Cierto — con una media sonrisa.

— Carlos me contó que le recordaban a la sonoridad japonesa. Y, también, claro, son una referencia a un coloquialismo y a un regionalismo brasileño.

— ¿Qué quieren decir, que no me acuerdo?

— ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Para dónde voy? — sonriendo.

— ¡Ah, sí!  — devolviéndole la sonrisa. Continuo.

 

 

La ciudad de Belém es el punto de partida profesional para Elza Lima. En 1985, cuando estaba en la Facultad de Historia, participó de un concurso que tenía la finalidad de presentar fotográficamente el casco antiguo de Belém. En aquel entonces la idea era fotografiar las personas que allí habitaban (comerciantes, profesores, pescadores, mendigos, etc.) y los aspectos arquitectónicos de la ciudad. Aunque, para ella, ni la una ni el otro eran tan esenciales para contar esta historia como los animales, ya que atraviesan toda su vida (desde su infancia) así como la de la ciudad. Así pues, la fotografía que tenemos en la exposición, que ganó el premio en aquella instancia, es una de las primeras 24 fotografías analógicas que sacó en su vida profesional: la de un grupo de buitres.

 

— Por cierto, salen en otra obra de la exposición.

— ¿Sale qué? — confundido.

— Los buitres. Que aparecen también en la obra de Ding Musa.

— Ah! ¿Por?

— ¿Por qué aparecen? Bueno, creo que para hablar de la limpieza del mundo que estas aves hacen. Habla aquí en alguna parte… Aquí.

 

…son responsables de eliminar focos infecciosos que podrían diseminar enfermedades.

 

— Quizá sea una referencia también a las cosmogonías de los pueblos originarios brasileños.

— A qué?

— A esto que Davi Kopenawa habla en La chute du ciel (La caída del cielo). Que cuando los fantasmas mueren se convierten en seres mosca y seres buitres.

— ¿Y eso que tiene que ver?

— Bueno, yo que sé. Aire, supongo. La invisibilidad, la fantasmagoría… Hay moscas y buitres en la exposición por eso te digo. No sé. Me llamó la atención cuando dice…— le acerca el periódico.

 

 

 

 

Al pasear por el mercado municipal de Belém siempre tienes al lado buitres. Ellos forman parte intrínseca de Belém. Están por todas partes y viven con la gente sin miedo. Nadie se mete con ellos tampoco. O sea, la relación con la gente y los animales es muy cercana aun cuando no se quiere tenerlos al lado. Los buitres están tan presentes, me dijo Elza, que la gente ni siquiera los mira.

 

— … — sonriendo silenciosamente.

— Imagínate — con una sonrisa mientras inspira tabaco.

— Hay un homenaje a este trompetista de jazz chileno…Cuturrufo… — bajando la mirada en búsqueda del nombre. — Cristián Cuturrufo. Falleció de COVID-19 el año pasado, ¿te acuerdas?

— Sí. ¿Qué dice ahí? Oye, pásame otro cigarrillo.

— Toma — lanzándole el paquete. — Dice que tuvieron como punto de partida una frase que dijo: “el COVID no tiene ningún brillo”. Y, de que era… — leyendo.

 

…esa energía irrefrenable soplando vida en su instrumento. No paró porque no pudo. Así como uno tampoco puede parar de hacer lo suyo.

 

— Totalmente — triste, espira humo.

— Sí.

 

(Quedan un momento en silencio fumando y leyendo respectivamente.)

 

— Pilar ha quedado atrapada en Coyhaique. Parece que le cancelaron el vuelo.

— Ah, ¿sí?

— Sí. Y, fue como conoció a Patricio.

— ¡Qué lindo! — sonriendo.

— … — sonríe mientras continúa la lectura taciturna.

— ¡Qué fuerte! Dice que el 4 de mayo de 2020 cuando le cancelaron el vuelo habían declarado cuarentena total. Y, lo absurdo de toda esta situación es que hoy mismo el 12 de junio de 2021 volvieron a declarar cuarentena total ahí.

— Ni lo menciones — mirando una pequeña franja de cielo por la ventana.

— Si. Es un ejercicio mental bien difícil, la atmósfera sigue siendo muy espesa, los ánimos siguen estando muy bajos. La gente se va contaminando por sus distintos afectos. Necesitamos más que nunca de un estimulador atmosférico.

— Totalmente — en medio de una bruma de tabaco. — Y, ¿que tenían ahí?

— Trompetas de tela hechas a mano muy estrafalarias y descomunales y estrambóticas que te atrapaban y te abrazaban. Y un video homenaje a Cuturrufo.

— Ya ni siquiera me acuerdo como es estar al aire libre escuchando música. La reverberación de la música en medio de la gente. ¿Cómo resuena? Ni siquiera me acuerdo cómo resuena en medio de la gente. Compartir el aire con la gente.

— Tampoco me acuerdo. Me acordé de eso que habla Sara Ahmed sobre respirar.

— ¿Sobre qué?

— Que la raíz es aspiración.

— Ah, sí.

— “La lucha por tener dónde respirar”

— Sí. Oye, ¿qué más dice?

— Justo te iba a contar porque me hace gracia lo de Chantal Peñalosa.

— ¿Qué te hace gracia?

— Que trabajaba en un restaurante sin clientes. El trabajo de Chantal como mesonera no existía. Su trabajo era el de esperar.

— ¿Cómo sin clientes? ¿Por el COVID?

— No. Eso fue en 2014. No había clientes por donde estaba ubicado en México. Y, ella empezó a desarrollar sus obras mientras esperaba. Este es el vídeo que te comenté que intenta atrapar a la mosca. Dice…

 

…y, en el caso de este diminuto insecto alado, era una acción lúdica, un juego. En el restaurante la idea era buscarla para atraparla para evitar que molestara, por ejemplo, a un cliente (?). Pero, de manera más simbólica, con la cámara, lo que Chantal está haciendo es un intento de atrapar la mosca a través de la imagen: ponerla en el marco. Enmarcar la ubicuidad de un ser vivo volátil y efímero (no nos olvidemos que para los griegos evocaba a la omnipresencia de los dioses).

 

 

— Qué gracia. En este comedor muerto, silencioso… ¿cómo algo tan pequeño tiene tanto impacto en el espacio?

— Me hacen recordar aquellas naturalezas muertas holandesas que tienen a una mosca pintada, ¿sabes?

— Sí. Sí. Para referirse a la mortalidad y a la corrupción. Claro.

— Sí.

— Y, ¿qué más?

— Había una curiosa fotografía de Ding Musa titulada “do discurso político brasileiro” (del discurso político brasileño). Dice aquí…

 

… la respiración, el aliento del discurso político brasileño actual con toda su agresividad y violencia. En la fotografía se ve una concentración considerable de cielo y nubes que circundan a un objeto ovalado raro desplazado hacia la parte inferior de su marco. El lugar se trata de un Baptisterio (donde se realizan los bautizos) en Brasilia.

 

— O sea, la encrucijada entre el discurso político-religioso brasileño.

— Sí. Lo misterioso y críptico de la forma versus su funcionalidad me hizo pensar mucho sobre la metafísica, la trascendencia de estos discursos de cómo van destruyendo un país. Escucha eso…

 

… no sería disparatado a mi modo de ver pensar en su semejanza a una especie de concentración tóxica nubífera, a esta nubosidad registrada el 22 de abril de 1915 en el frente de Yprés que Sloterdijk menciona en “Temblores de Aire”.

 

— Y, al final, se conecta con el video “Os Buracos” (Los Agujeros) de Ding que trata de varias cuestiones relativas por ejemplo a lo Antropoceno y de estos desastres sociales invisibles u ocultos a una sociedad. Te leo lo que dice sobre el video… a ver.

 

Se ve un cielo azul y (una vez más) buitres, que silenciosamente planean sobre lo que se esconde del espectador: una pirámide de 75 metros de altura de escombros y basura en el estado de Rio de Janeiro. Alrededor de esta pirámide había un complejo ecosistema de seres humanos que vivían detrás de la chatarra. Los buitres que diseñan mandalas en el aire son la causa primaria e índice natural de lo que se fija en el suelo. Y, lo telúrico se vuelve derivación subordinada de la dimensión aérea. El lugar ya no existe más, seguramente habrá sido desplazado a otro espacio que desconozco. Pero, lo que se puede decir, es que aquel lugar, en palabras de Nick Shay, “era ciencia ficción y prehistoria”.

 

— Está también esta idea de vista aérea, la vista de estos buitres. Son ellos los testigos de lo que no vemos.

— ¡Claro! Justo cuando lo vi pensé en un comentario que hace Achille Mbembe de que “la mayor parte de las acciones policiales tiene lugar desde el aire”. Pero ahí solo había buitres. Seguramente no se interesaban a no ser que apareciera ahí un cuerpo y si no fuera así seguía siendo cielo de buitres.

 

(Se quedan silenciosamente mirando el trozo de cielo sobre sus cabezas)